miércoles 17 de diciembre de 2008

Sobre las naciones y los estados

Hoy estaba viendo un documental sobre la guerra fría (que podía haber acabado siendo bastante caliente, por cierto), cuando he oído una expresión que llevo mucho tiempo oyendo pero que hoy, por primera vez, me ha chocado. Y es que, en alguna etapa de esta guerra, ¡¡se ve que “fueron naciendo nuevas naciones”!! Esto es algo sorprendente y un fenómeno que seguramente dará que pensar a los biólogos de aquí en adelante, pues yo daba por hecho que las naciones podían morir; pero nacer, a estas alturas del partido…

Parece que algunos aún no tienen asumido el significado de estas dos palabras, a saber, nación y estado. De todas maneras, no parece muy difícil controlar el hecho de que, si una nación es el conjunto de personas con características parecidas en varios ámbitos, y que si el estado es un territorio gobernado por un gobierno, simplificando mucho, nación y estado serán sinónimos sólo cuando se cumplan las dos condiciones en un territorio. Pero esto pasa pocas veces.

Lo primero que nacieron fueron las naciones, ahora ya no nacen, ahora ya lo que hay es un lío de estados que no lo entienden ni los que lo organizan. Desde que los grandes estados comenzaron a aparecer, a las naciones se les fueron agotando las oportunidades, que no las fuerzas, y ahora, pues aquí estamos.

Que no digan que no tenemos derecho a reivindicar, porque los que de verdad no tenían derecho a organizar el mundo en grandes potencias eran ellos, y ahora intentan impedirnos arreglar su mal. Que no nos callen.

De todas maneras, creo que, como en esas camisetas en las que un mono se yergue y luego acaba otra vez encorvado ante un ordenador, la historia de la tierra también acabará como empezó, en la nada, y que lo inmediatamente anterior al final, será lo que fuera inmediatamente posterior al principio, por lo que, señores, sigamos luchando, pero sepan que vamos a vencer.

Écrasez l’infame