Hay gente, y no son pocos, que se ríen hoy de nuestros baserritarras. Los ven como gente inculta, sin conocimiento alguno, excepto de cuándo han de sembrar, y cuándo recoger, quizá. No les parece que tengan una forma de vida adecuada al hoy, y tengan por seguro que no voy a entrar ahora en discusiones sobre si la forma de vida de hoy es adecuada. Ven, por tanto, a los baserritarras como personas atrasadas, algo que ya no debería existir, y se ríen de ellos. Qué pena me dan.
Dentro de setenta años, nuestros nietos ya vivirán en casas con un sistema de servicio doméstico robotizado, y su desplazamiento lo efectuarán en máquinas a las que únicamente habrá que decirles la dirección del sitio a donde se desea llegar, sin preocuparse del combustible, o de la presión de las ruedas. Puede que incluso para entonces ya no sepan ni lo que es una rueda.
Y entonces, al ver que nosotros no acabamos de acostumbrarnos a estas (y otras muchas) novedades, dirán: “Mira a esos. Todavía con esas chatarras que echan humo.”. Y se reirán de nosotros. Sólo algunos, claro, pues los otros entenderán que sus abuelos, con su forma de vida, trabajaron y lucharon para que ellos pudieran vivir mejor. De la misma manera que yo entiendo que, si no hubieran existido nunca los baserritarras, en este pueblo, en esta nación, muchas cosas serían diferentes, empezando por el modo y calidad de vida.
Por eso me dan pena los que se ríen hoy de ellos. Porque cuando sufran la misma humillación, comprenderán su error.
Dentro de setenta años, nuestros nietos ya vivirán en casas con un sistema de servicio doméstico robotizado, y su desplazamiento lo efectuarán en máquinas a las que únicamente habrá que decirles la dirección del sitio a donde se desea llegar, sin preocuparse del combustible, o de la presión de las ruedas. Puede que incluso para entonces ya no sepan ni lo que es una rueda.
Y entonces, al ver que nosotros no acabamos de acostumbrarnos a estas (y otras muchas) novedades, dirán: “Mira a esos. Todavía con esas chatarras que echan humo.”. Y se reirán de nosotros. Sólo algunos, claro, pues los otros entenderán que sus abuelos, con su forma de vida, trabajaron y lucharon para que ellos pudieran vivir mejor. De la misma manera que yo entiendo que, si no hubieran existido nunca los baserritarras, en este pueblo, en esta nación, muchas cosas serían diferentes, empezando por el modo y calidad de vida.
Por eso me dan pena los que se ríen hoy de ellos. Porque cuando sufran la misma humillación, comprenderán su error.
