martes 31 de marzo de 2009

Diacronía del fascismo: de la imposición a la aceptación

1936. Guerra. Dictadura. Transición...2009.

Desde que, en el año 1939, “finalizara” la Guerra Civil, nadie nos ha contado la verdad, no se ha repartido justicia, a menos que por justicia se entienda “más ostias”. Esa breve (brevísima) cronología que he colocado justo debajo del título es el resumen del resumen, lo irresumible, aunque habrá alguien que piense que falta una palabra: democracia. Bueno, pues que lo siga pensando.

A los hijos, hermanos... y demás que, hoy por hoy, tras 70 años, no conocen el paradero de sus familiares, les diré que no dejen de gritar, ni de exigir, ni de agitar. Algunos de los perdedores se han vuelto a humillar, y han aceptado un juego de democracia lleno de trampas, en el que tienen la oportunidad de conseguir el poder, a cambio de olvidarse de los olvidados. Los opresores nunca serán juzgados por una democracia diseñada por ellos, que por esto mismo no es democracia.

Qué intento de engaño, qué hipocresía tan grande, qué poca vergüenza tienen algunos. Menos mal que en realidad, los olvidados no son realmente olvidados, y no todos los habitantes se tragan todo lo que oyen, ni se dejan convencer por leyes con nombres bonitos.

El pueblo siempre ha tenido palabra, pero decidir no ha decidido nunca, ni hace 70 años, ni hoy. Vale ya de guardar al fascismo del castigo que se merece.

jueves 26 de marzo de 2009

El hemicirco

Qué comparación tan fácil, qué poco se ha estrujado usted el cerebro, qué broma tan ordinaria, qué…¿qué? Al leer el título, muchos habrán pensado eso. Bueno, muchos de los que lo lean, claro. Ante tales halagos, no me queda más que decir: pues sí, es fácil, ordinario, y no me ha costado mucho llegar a esa denominación.

Para hacer referencia, claro está, a esa sala que a todos nos representa, perdón, a todos los que votan, e incluso sugiero que esta rectificación pudiera ser matizable. Hoy mismo veía como sube uno al estrado, suelta las de dios y ¡venga! la hemi de la hemi le aplaude (precisamente la hemi en la que su partido se sienta) y luego va el otro, le responde (tan demagógicamente como el otro le acusaba, si es que tanta demagogia puede haber en un debate, y vamos a llamar a esto debate), y va la otra hemi de la hemi y más, más vítores.

¿Saben de qué estaban hablando?

Uno, sobre retirar soldados de un país, y el otro, de a ver por qué el uno las envió hace años a un sitio sin el permiso de las Naciones Unidas… No se por que, tengo la impresión de que puedo haber dicho algo mal, pero así lo voy a dejar, porque no me interesan los detalles. Lo que me interesa es que están hablando de vidas, y de muertes de paso y, como si de un circo se tratara, todos a aplaudir. En turnos, claro está.

Esto no es nada serio. Y tengo la ligera impresión, no sé por qué, de que debería serlo, porque si lo que hacen leyes, nos las hacen cumplir, y en definitiva nos controlan, se comportan así (unos como payasos y otros como niños, por el circo, digo)… algo va mal. Y mucho más allá de la crisis.

No me siento representado por ese parlamento ni en ese parlamento, si es que falta hace decirlo, pero esto no quita lo dicho.

Qué comparación tan fácil…qué verdad.

domingo 22 de marzo de 2009

Ambición personal

Si, dentro de cincuenta años, aparece un nuevo Bartolomé de las Casas en este reino en el que por fin se pone el sol, puede que se digne a contar las hazañas que Patxi, el líder del cambio (a peor, por si no le queda claro a alguno), va a llevar a cabo en la siguiente legislatura en las “felices y graciosas” tierras de los vascos. Bueno, solo en la parte occidental. Fíjense, fueron las primeras tierras en caer en el engaño del vecino enemigo, y aún así hubo quien, más tarde, las denominó traidoras. Dialéctica a la española.

Otra cosa es que si de verdad se siente un De las Casas en toda regla, no las llamará hazañas sino “estragos”. “Lograron ponerse en el gobierno un grupo apoyados por otros que en España les hacían daño; pero la lucha entre derecha e izquierda no valía nada para ellos en aquella tierra, para el frente antifrentista, que no era ese su nombre pero señala bien su hipocresía”.

No hay salida para quien ha gobernado hasta hoy. Las matemáticas, que son famosas por dar dolores de cabeza a los estudiantes, hoy hacen sufrir a quien va a perder el poder. La ambición personal del Sr. López, que no es poca, va a llevarle a cometer un gran error: creer que la mayoría social está con él, a través de los votos que dentro de poco le llevarán a ser lehendakari. Pero ya sabemos lo bien que representa a la sociedad el parlamento. Normalmente poco, y esta vez incluso menos.

En fin, que una vez más, entre mentiras, el parlamento se constituirá sin dejar un solo escaño libre aunque solo haya votado el 65,51, y esta vez, por lo menos, todos los digamos “soberanistas” (y ahí estimo oportuno el dejar un lugar para las discusiones), estaremos en la oposición (aquí seguro que hay discusión, pero se me entiende; me parecería correcto decir que estar en la ilegalidad es directamente estar en la oposición).

Ya veremos lo bien que lo pasamos.

domingo 1 de marzo de 2009

Con razón, o sin ella...

Leyendo un capítulo de un libro sobre movimientos sociales, me he parado en un punto para pensar sobre lo que se decía al final de un párrafo. Supongo que no será este el aspecto al que más importancia trataba de darle el autor, pero me ha parecido interesante sumergirme en una reflexión sobre “la capacidad ilimitada del hombre y de la razón”. Tampoco pretendo ahondar demasiado en el tema, pero veamos qué surge si estrujamos un poquito el cerebro.

La razón es aquello que, en principio, se supone que nos diferencia del resto de animales. Seguramente habrá quien le de más importancia a lo físico, y desde luego razones tendrá. Pero los autores que se nos han enseñado en el centro de enseñanza (la democrática quiero decir, la del siglo XX), son aquellos que durante la historia le han dado más importancia a la razón: sujetos que mantenían que “el cuerpo es la cárcel del alma”, “hay que atreverse a pensar”…

Y todo esto está muy bien. Pero yo me propongo pensar (precisamente) a ver, con toda la confianza que hemos puesto en el pensar, como podemos estar tan mal. Porque estamos mal. Voy a pillar el tema desde una perspectiva: la naturaleza. ¿Dónde está la naturaleza? Hemos fallado a la hora de cuidarla. Y lo peor es que esto tendrá consecuencias, no sabemos cuando, aunque podamos hacer conjeturas, pero las tendrá.

La razón, el avance de la ciencia, de la tecnología… hicieron que el ser humano machacara a la naturaleza, sobre todo en los últimos 200 años. No es nada raro, dado que en cuanto veían el dinero que se sacaban (algunos pocos) la naturaleza y su pervivencia en el universo les importaba más bien un pito, y otros (todo el inmenso resto) tenían que ganarse su pan. ¿Quién pensaba en la naturaleza? Unos no querían, los otros no tenían tiempo.

Ahora que otros tipos de razonamientos han invadido en cierta manera la opinión de muchos, el movimiento ecologista por ejemplo, a favor de la defensa de la naturaleza, se dedica a criticar, a trabajar en contra de aquellos que solo razonan hasta un punto, solo razonan hasta donde les conviene. Llegados a este compromiso en pro de la defensa de nuestro planeta, se usa una vez más la razón para ver cómo actuar.

Y la razón para hacer saber a aquellos que están masacrando la tierra, que la razón no tiene límites. Porque precisamente, es la propia razón la que puede hacer parar su uso excesivo. En mi opinión, esto es lo que la hace ilimitada. Parece un absurdo, pero si es ella misma la que se pone el límite, entonces es ilimitada.

Tras esta no demasiado argumentada reflexión, me atrevo a concluir que, como todo esto lo he deducido pensando, sí hay que confiar en la razón, pero hay que llevar la razón hasta el límite, y en todos sus aspectos. Tanto en el de avanzar como en el de frenar, por así decir.

Écrasez l’infame!