martes 28 de abril de 2009

Dar y conseguir

Es curioso. En muchas discusiones que se dan en Internet, no de carácter formal sino más bien por un par de calentados y unos cuantos satélites que andan pululando por ahí, en general digo, leo cosas que de verdad me sorprenden. No es mi intención arengar a nadie para que participe en tales discusiones, en las que yo mismo paso rotundamente de tomar parte. Aunque a veces, también me de vergüenza ver como, debates de televisión con gente que tiene un nivel de conocimiento de las cosas, se convierten en gallineros que le llevan a uno a apagar la máquina.

Pero no voy a eso. Aunque no tome parte, admito que me es inevitable ver qué es lo que escriben los que sí lo hacen. Y de verdad, a veces me avergüenzo de lo que ponen aquellos con los que, en teoría, estoy condenado a compartir ideas. En esta ocasión, voy hablar sobre aquellos que en un post dicen “borroka” (que digo yo que cada uno verá como luchar), y en el siguiente dicen: “pues si tan vergonzosos somos, ¿por qué no nos dais la independencia?”.

Hay varias maneras de abordar esta pequeña frase. Pero me voy a permitir coger la vía de: ¿Cómo que “nos dais”? Aquí nadie da nada. Esto nos lo vamos a tener que trabajar nosotros, y no queramos o no, sino queriendo. La soberanía (y sobre soberanía e independencia no voy a discutir, pero interesa sobre esto visitar http://soberaniadenavarra.blogspot.com/2009/04/iruinea-abril-de-2009.html) la hemos de recuperar nosotros, y puede que alguien acceda a ayudarnos, pero que nadie se quede esperando al estado español, ni al francés. Ellos nos la quitaron, ¿por qué nos la van a dar?¡Vale ya de pensar en eso!

Y menos, a una nación dividida, no solo por ellos, sino por nosotros mismos. No somos capaces de ver, que mientras sigamos así, no vamos a conseguir nada, ni nos van a dar nada. Cuando seamos lo suficientemente inteligentes todos, de dejar a un lado viejas diferencias, para recuperar raíces comunes que son aún más viejas que esas diferencias, entonces, seremos capaces de conseguir la soberanía, y no nos hará falta que nadie nos de nada.

Por último, y en relación con este anterior punto, nuestro futuro lo decidiremos nosotros, aquí. Por tanto, no se decidirá ni en Madrid, ni en Paris. Ni en España, ni en Francia. Seremos nosotros los que decidamos como vamos a seguir adelante. Así pues, una vez más, nadie nos dará nada.

Dar… ¡lo único que da el estado aquí son palos, de todo tipo! Nunca podremos esperar nada de él.

viernes 24 de abril de 2009

Y buscan novia

Ayer lo oía en la radio, hoy me lo mandaban por el tuenti (¡oh tuenti!), y cuando he entrado en la página de la Revolución antifeminista, seguía pensando que era una broma. Porque en este país, a pesar de las penurias, somos alegres. Pero no. No era broma.

El manifiesto antifeminista que hace de portada en este sitio web, y es un texto que aburriría hasta a dios bendito, es una recopilación de demagogias en torno al problema que existe con el tema de la igualdad entre géneros ¿a alguien le suena el tema? Pues que se documente primero si es que no, ya que estrenarse con este texto sería arriesgado y podría tener consecuencias graves.

Las alusiones a la grandeza histórica de su cometido no dejan de recordarnos a algunos caudillos, porque caudillas no conozco, cuyas teorías eran absolutas y si no, preguntarlo a sus armas o sus víctimas. Entre estas últimas si, había y hay mujeres.

Por la civilización, porque siempre las tratamos como iguales, porque mediante un maleficio han conseguido obligar a todos los poderosos a llevar a cabo políticas que ahora nos degradan a nosotros, los hombres… ¡brujas! Si es que, las hemos tratado con tanta igualdad durante toda la historia que ¿quién habla de esclavas en los últimos tres mil años? El tema no es si las hubo o no, el tema ahora es reconocer que las había y por donde nos las hemos pasado. Y por donde nos las seguimos pasando hoy, 24 de abril de 2009. A ellas, y a todas las mujeres, esclavas o no, hasta hoy.

Pero quien crea que tienen suficiente con las mujeres se equivoca. La homosexualidad también se ve atacada en este novedoso artículo, de índole reaccionaria, por mucho que traten de esconderlo. Sobre esto, qué decir… ¿hay que decir algo? Son los mismos burros, tras otras palabras.

Y además dicen que la revolución antifeminista “son los hombres que una vez más están a la altura de las circunstancias”. Bueno, ¿y por qué no hay mujeres? ¿o es que ser mujer es ser feminista? Así así, haciendo amigos desde el principio.

No señores no… háganse las preguntas correctas.
Écrasez l'infame!

martes 21 de abril de 2009

Resumen del libro negro... ¡del castellano!

Qué felices eran (o pienso que serían) aquellos individuos que usaban las piedras como herramientas, vivían en cuevas y por lo general, pasaban frío. No conocían el martillo, y no podían soñar con tener uno. Tampoco existían los chalets, y no sentían envidia de otros. Ni qué decir de las estufas.
Hacia esta época (con margenes de unos cientos de miles de años), en la Península Ibérica (las investigaciones sobre si para entonces el término España existía aún no han llegado a conclusiones claras), se hablaba español (que no castellano), aunque en ciertas zonas hubo gentes que empezaron a inventarse otras hablas.
Verdad es que algunos no tuvieron demasiada imaginación, y su invento se pareció demasiado al español. Pero hubo algunos a los que la imaginación les voló demasiado, y se inventaron el euskera. Unos cuantos miles de años más tarde, los genes impostores de estas gentes asquerosamente emprendedores les llevaron a crear un estado propio para romper la unidad de España (sí, para el siglo IX existía ya de seguro).
Tras años de respeto a la lengua vasca (que así la llamaban los españoles), qué digo años, ¡siglos! -y da lo mismo cuántos, o si son siglos o años- los mandatarios de los dispersados restos de ese estado separatista seguían, como lo habían hecho desde el principio, intentando imponer su lengua -vasca- no solo en su territorio, sino en toda la península, e incluso más allá de los Pirineos. La situación de los castellanoparlantes de toda España a principios del tercer milenio despues de Cristo era, en el sentido lingüístico, de imposición, y los españoles hubieron de valerse de todas sus armas (incluso ilegalizaciones antidemocráticas) para llegar al poder en ese pequeño territorio al norte de España.
Así llegó Patxi y los salvó a todos.
Écrasez l'infame!
PD: Hace unos años también vino aquí un Patxi que, a pesar de las diferencias con el actual, tampoco era su único punto en común el nombre... ¡y no consiguió salvarlos!