¡Qué nostálgicos son algunos! Aunque siempre nos lo llamen a nosotros, por recordar aún cuentos viejos de hace medio milenio. El varapalo democrático sufrido hace poco por los nacionalistas vascos tiene un toque histórico que nos lleva a hace justamente un siglo.
¿O no se acuerdan algunos de cuando los republicanos barceloneses, en nombre de la libertad, proferían toda clase de insultos contra los regionalistas? Los jóvenes afines a Lerroux se engañaron a sí mismos con la retórica de su líder, plasmada en la más cruda Rebeldía, que al final le sirvió a este para erigirse en la “cúpula” del republicanismo más radical. Hasta que se hizo amigo de Franco, claro.
Mas antes de cambiarse (con disimulo, eso sí) al otro bando, en 1909 se unió a la conjunción republicano-socialista. Algo que rompía con los esquemas de los socialistas y, por qué no decirlo, con los de Lerroux. Sus jóvenes amigos dejaron de quererle, no tanto por esto quizá, pero sí por las posiciones que fue tomando más tarde.
Pero ¡Ay! En Barcelona Lerroux se valía por sí solo, no tenía necesidad de los socialistas. Estos correspondían su negativa a presentarse en conjunto en la ciudad condal. La independencia de Lerroux era considerable.
Luego pasaron cien años, unos cuantos kilómetros al norte, y nos encontramos en las viejas tierras de la Navarra marítima, donde, como decíamos antes, los nacionalistas han recibido un susto de muerte. La conjunción popular-socialista (más planeada que aquella, quien no lo vea es porque no quiere) del 2009 se da y se desarrolla con unas pautas simétricamente inversas a las de 1909.
Para empezar, los populares no son ninguna rama radical del republicanismo de izquierdas, aunque una cosa sí, son patriotas españoles. Además, estos, en vez de haberse hecho amigos de Franco, son sus herederos. Por otra parte está lo de la independencia de actuación respecto a los centros de Madrid, sobre todo el de los socialistas. La de los populares da igual, porque aquí y allí… pero ¿y la de los socialistas? No sabe, no contesta… aunque sea fácil de imaginar.
Por tanto, en este fatal centenario, esperamos malos tiempos para Navarra… ¿pero cuando no los hubo?
Écrasez l’infame!
¿O no se acuerdan algunos de cuando los republicanos barceloneses, en nombre de la libertad, proferían toda clase de insultos contra los regionalistas? Los jóvenes afines a Lerroux se engañaron a sí mismos con la retórica de su líder, plasmada en la más cruda Rebeldía, que al final le sirvió a este para erigirse en la “cúpula” del republicanismo más radical. Hasta que se hizo amigo de Franco, claro.
Mas antes de cambiarse (con disimulo, eso sí) al otro bando, en 1909 se unió a la conjunción republicano-socialista. Algo que rompía con los esquemas de los socialistas y, por qué no decirlo, con los de Lerroux. Sus jóvenes amigos dejaron de quererle, no tanto por esto quizá, pero sí por las posiciones que fue tomando más tarde.
Pero ¡Ay! En Barcelona Lerroux se valía por sí solo, no tenía necesidad de los socialistas. Estos correspondían su negativa a presentarse en conjunto en la ciudad condal. La independencia de Lerroux era considerable.
Luego pasaron cien años, unos cuantos kilómetros al norte, y nos encontramos en las viejas tierras de la Navarra marítima, donde, como decíamos antes, los nacionalistas han recibido un susto de muerte. La conjunción popular-socialista (más planeada que aquella, quien no lo vea es porque no quiere) del 2009 se da y se desarrolla con unas pautas simétricamente inversas a las de 1909.
Para empezar, los populares no son ninguna rama radical del republicanismo de izquierdas, aunque una cosa sí, son patriotas españoles. Además, estos, en vez de haberse hecho amigos de Franco, son sus herederos. Por otra parte está lo de la independencia de actuación respecto a los centros de Madrid, sobre todo el de los socialistas. La de los populares da igual, porque aquí y allí… pero ¿y la de los socialistas? No sabe, no contesta… aunque sea fácil de imaginar.
Por tanto, en este fatal centenario, esperamos malos tiempos para Navarra… ¿pero cuando no los hubo?
Écrasez l’infame!
