lunes 18 de mayo de 2009

La conjunción popular-socialista de 2009

¡Qué nostálgicos son algunos! Aunque siempre nos lo llamen a nosotros, por recordar aún cuentos viejos de hace medio milenio. El varapalo democrático sufrido hace poco por los nacionalistas vascos tiene un toque histórico que nos lleva a hace justamente un siglo.

¿O no se acuerdan algunos de cuando los republicanos barceloneses, en nombre de la libertad, proferían toda clase de insultos contra los regionalistas? Los jóvenes afines a Lerroux se engañaron a sí mismos con la retórica de su líder, plasmada en la más cruda Rebeldía, que al final le sirvió a este para erigirse en la “cúpula” del republicanismo más radical. Hasta que se hizo amigo de Franco, claro.

Mas antes de cambiarse (con disimulo, eso sí) al otro bando, en 1909 se unió a la conjunción republicano-socialista. Algo que rompía con los esquemas de los socialistas y, por qué no decirlo, con los de Lerroux. Sus jóvenes amigos dejaron de quererle, no tanto por esto quizá, pero sí por las posiciones que fue tomando más tarde.

Pero ¡Ay! En Barcelona Lerroux se valía por sí solo, no tenía necesidad de los socialistas. Estos correspondían su negativa a presentarse en conjunto en la ciudad condal. La independencia de Lerroux era considerable.

Luego pasaron cien años, unos cuantos kilómetros al norte, y nos encontramos en las viejas tierras de la Navarra marítima, donde, como decíamos antes, los nacionalistas han recibido un susto de muerte. La conjunción popular-socialista (más planeada que aquella, quien no lo vea es porque no quiere) del 2009 se da y se desarrolla con unas pautas simétricamente inversas a las de 1909.

Para empezar, los populares no son ninguna rama radical del republicanismo de izquierdas, aunque una cosa sí, son patriotas españoles. Además, estos, en vez de haberse hecho amigos de Franco, son sus herederos. Por otra parte está lo de la independencia de actuación respecto a los centros de Madrid, sobre todo el de los socialistas. La de los populares da igual, porque aquí y allí… pero ¿y la de los socialistas? No sabe, no contesta… aunque sea fácil de imaginar.

Por tanto, en este fatal centenario, esperamos malos tiempos para Navarra… ¿pero cuando no los hubo?

Écrasez l’infame!

martes 5 de mayo de 2009

Mentiras en Nabarra

Cuando miramos atrás, a la historia, tendemos a decir: “mira lo mal que lo hizo este, mira cómo ha acabado”. Sin embargo, no debemos tomar en cuenta el después, sí quizá para valorar como podríamos actuar nosotros en el presente, pero no para juzgar a una persona del pasado, ya sea este cercano o no. Es decir, podríamos tomar ejemplo o dejar de hacerlo, ya que conocemos el resultado de sus acciones.

No debemos juzgar a esa persona, o grupo, en función del resultado que le diera esa acción que analizamos. No importa el plazo, tampoco. No obstante, la acción misma puede ser juzgada, no desde el punto de vista de “a dónde nos ha llevado” sino de “¿está bien, o mal?”. Simplemente.

Es por esto que, cuando nos dicen que no debemos juzgar a las tropas invasoras de principios del Quinientos, los que nos acusan de falaces cometen un error. Que resumimos en esa acción todo el mal que padece hoy nuestro país, dicen. Que eso no se puede hacer. Pero no es ese el único mal que nosotros denunciamos. Ese, si se me permite, es el punto de partida.

Y hoy, tras casi medio milenio de ocupación, los sofistas de Madrid, isabelinos de toda la vida, se vienen aprovechando de aquella ocupación militar. Pasando por guerras, y guerras, y más guerras, que han ido degradando nuestra libertad, la poca que nos quedó después de ese 1512.

¿Tienen culpa de esto aquellos reyes que entraron en Nabarra? No. ¿Pero entraron? Sí. ¿Qué hicieron mal ellos? Entrar. ¿Y estos? Seguir oprimiendo.

Quien justifique la opresión, justifica la invasión, y justificar la opresión es mentir. Por esto, son los mentirosos los que justifican la invasión. Lo feo del tema es que no acaba aquí, sino que tratan de ponernos a nosotros de mentirosos.

Concusión. A principios del siglo XVI, hubo una invasión en Nabarra. Aunque no todo el territorio fuese absorbido por la corona invasora, esa situación fue el punto de partida para llegar a la situación en la que estamos hoy. Puede que el rey de ese tiempo no tuviera previsto esto, o quizá si, pero lo que importa es, que más allá de la intención que tuviera él, sí, estamos como estamos. Y eso, queramos o no, quieran los mentirosos españoles o no, es consecuencia de aquella invasión.